Castigarmientendimiento: verso satírico de Francisco de Quevedo. Bienvenidos a Castigarmientendimiento, un lugar para que la razón no sufra (si es que esto se ha mal entendido), sino que se flexibilice (si es posible). Se ofrecerá con ello alguna reflexión sobre el arte de escribir, la condición contradictoria del escribiente y la labor imprescindible y crítica del lector. Se suman materiales complementarios para escolares.
sábado, 3 de enero de 2015
Ex aequo
De entre todas las flores del cementerio surgió una rara avis cultivada entre restos de podredumbre y asfixiante atmósfera. Cauterizada por el aroma corrupto de la vida descompuesta, suponía un elemento levemente cacofónico entre las aristas plateadas del silencio. Gris piedra y naturaleza muerta enmarcaban el morado de su corazón hirsuto de vegetación minúscula. Latía en piedra de armazón ampulosa, cuarteada por los nichos abandonados, por los capiteles de las infraestructuras desmoronadas y los panteones de la ampulosa pretensión de pervivir en piedra el recuerdo efímero de la carne. Allí la flor, allí el silencio regándola, allí los pasos divagando sobre la absurda conceptualización del tiempo.
martes, 25 de noviembre de 2014
Palimpsesto del viento
Era la primera versión del viento aquella que barrió las raíces de Antioquía. Presentábase bajo la sensual apariencia de una suripanta cubierta de tules de miel e iracundia, como si tal combinación forjase la armazón herrumbrosa de la pasión que deja escombros. De la segunda versión del viento solo quedaban cuatro versos mal compuestos de un madrigal y un cosante, escondidos en las alforjas de un tratante en vinos en las tierras borrachas de los viñedos murcianos. El viento se parapetó más tarde en la cuarta versión mal llamada por algunos apócrifa: la del mentidero cerril de la parrilla telesiva, en la que un falso invidente leía las noticias de actualidad con la misma procacidad pueril de un animalillo salvaje en celo (palabras que se deslizaban en búsqueda de un significado para liberarse del cruel sino de la perfidia y la maledicencia, oh hado oh vergüenza oh maldita perversidad del que aterroriza con la más más más sedienta venganza, con la palabra galana de la mentira). El último viento en versión naïf repitió lugares comunes en hartura idiota de timbre circundante: dejà vu, quid pro quo, bla bla bla. Cada viento pintaba la miseria de un mundo tenebroso, barrocamente espurio, livianamente barroco. Oh, sí, sí, universo de vientos, de habladurías, de mediocridad, de sibilinas frentes hipócritas bajo sonrisas de bondad, bajo dientes que esconden espíritus en retaguardia, en decadencia (si procediese, dado el caso de que nunca meta coronaron, ningún mérito atesoraron, ninguna honestidad cultivaron). Todos los vientos en uno, confundidos, pasearon las hojas por el cemento, reordenando la estulticia de la intemperie.
lunes, 24 de febrero de 2014
lunes, 16 de diciembre de 2013
lunes, 26 de agosto de 2013
Lánguido ocaso del verano
El lánguido ocaso del verano nos envenena un agosto más. Dejamos de lado las tardes somnolientas con una buena lectura. Este estío han sido muchas las páginas que han enganchado el interés de este pobre lector: Ayer no más, Años lentos, Rabos de lagartija, Las leyes de la frontera, Intemperie... En algún caso, hemos descubierto alguna bien orquestada, sibilinamente ofertada, propuesta de mercadotecnica, con el caso de la sobredimensionada Intemperie: una obra bien escrita, a ratos, pero fatalmente infeccionada de un empeño de resultar truculenta con imágenes artificiales y a ratos forzadas, con un estilo también que busca mi camino. Prefiero, mejor, a Trapiello y su profesor universitario que lleva la verdad por delante, aunque suponga el atropello desquiciado de todo aquel que en algún momento sostuvo un hilo de su desiquilibrada vida. Lo prefiero, porque va de frente: una obra que ameniza, que entretiene, que se sostiene pese a algún personaje rayante en el histrionimos, porque al fin y al cabo muestra sus cartas como escritor solvente para todos. En fin, me quedo con Las lágrimas de san Lorenzo de Llamazares y su absorbente sabor de melancolía que envuelvea la efímera permanencia de las cosas. Feliz fin de verano.
viernes, 10 de mayo de 2013
viernes, 22 de marzo de 2013
No fue siempre así
Barre las palabras hasta que se las coma el viento. En la metamorfosis de cada deseo que se pierde arranca un grito hacia el futuro. Bebe del viento, de la ráfaga que muerde el pelo. Contén la rabia en el grito de silencio. Vive en el camino del duelo.
miércoles, 16 de enero de 2013
Sin miedo...
Peur du noir, una curiosa película de animación francesa, nos hace plantearnos qué es realmente el miedo. Podemos tener miedo a la rutina, cuando se convierte en una rutina imposible de imposiciones, denuestos sugeridos, tristezas compartidas. Puede ser el miedo esa ansia de que haya un cambio cuando nada más que la tradición anquilosada obtiene su podio en el abismo. Puede ser miedo de la sombra, miedo del otro, miedo del futuro, miedo de tener esperanza, miedo de que no haya esperanza, miedo del miedo o de la ausencia del mismo. Pero siempre es el sentimiento de que nada es nuevo, todo se repite, para pena de nuestras pupilas. Esto es: el miedo de que sigamos como estamos, para siempre.
martes, 4 de diciembre de 2012
Silencio
Son las palabras que nunca dijistes las que me molestan. Acudo cada mañana al periódico, buscando una pista que me indique aquello que nunca hablaste. No me hablaste nunca del tiempo, de la llovizna negra que tiznaba los tejados en los que maullaba la gata en celo; no comentaste nada de la sonrisa impostada de la artista de moda, en cada hoja de cada revista de cada kiosko de cada paseo de tus pasos por la calle atestada. No me hablaste del color caqui, o rosa chicle, o azul marengo, o no sé qué tono de gris o blanco de la camiseta que compraste en rebajas. No me indicaste cómo sintonizar la TDT, ni programar la lavadora, ni buscar bolas de pelusa bajo el sofá con la escoba imán más poderosa del mercado. Nunca dijiste nada y te callaste. Te callaste, luz oscura en alcoba helada. Te callaste. Y lo más triste es que tienes nombre de mujer: Rebeldía.
martes, 13 de noviembre de 2012
sábado, 13 de octubre de 2012
Golpea
Golpea...
Insulta y humilla, escóndete en las tinieblas para gritar al mundo que eres mediocre. Golpea. Menosprecia para ocultar lo poco que vales. Golpea. Haz de la vergüenza la asquerosa grasa que empapa tu alma. Golpea. Haz del mundo un ruidoso paseo de idiotez y rencilla. Golpea: ignora lo nuevo, desprecia la discrepancia. ¿Es el mundo que quieres? Rebélate. Golpea la ignorancia, golpea.
martes, 2 de octubre de 2012
Sugerencias
En El viaje imaginario de Renoir el protagonista languidece ante el amor no correspondido de su compañera de trabajo. En un ambiente anquilosado -un banco de estratificadas costumbres y oxidadas intenciones- sufre el desdén y el premeditado hostigamiento de sus compañeros varones de trabajo. Ningún clima más adverso puede auspiciar los comienzos del viaje fantástico, entre los onírico y la intervención de la fuerza sobrenatural de la fantasía y la magia. Se evade el mísero oficinista en una diáspora que incluye hadas surrealistamente travestidas, palacios de cartón piedra, metamorfosis en perro, figuras de cera que custodias las noches insomnes del museo, peleas imposibles, mesías demenciales (Charlot escoltado por su entrañable chico) y la furia del sueño simulando ser magia en el corazón triste. Triunfa el amor, al cabo. No cabía menos. No, desde luego, bajo las manos de una delicada estética impresionista. Pero sueña el oficinista, se evade el injusto mundo de poder crematístico y clases en la misma clase social; se evade del banco, y quizás de crisis, declaves, paro, decadencia, opulencia frente a miseria, preferentes ante esperanza, sumisión que se rebela. Porque tal vez la imaginación es lo único, como él, que ya nos queda sin amenaza plausible de que sea intervenida.
viernes, 6 de julio de 2012
Horas de solaz y tiento
Leo. El primero, Libertad de Marái. Qué frescura en la atmósfera sin aire. Maduras letras que recuerdan un tiempo anestesiado en el que la inquina apostaba sus tenderetes de cotidianidad y descaro en las plazuelas de las ciudades sucias. De nuevo la guerra mundial, abonada como protagonista esencial en las jornadas televisivas de la dos, ingrediente ardientemente sazonada en infinitud de novelas contemporáneas, pero no por ello menos necesaria. Libertad es el testimonio de un hombre incrédulo, más tarde demasiado crédulo, ante la barbarie que se adentraba en el hígado de su tierra. Libertad es la crónica de la deshonra, de los sótanos en los que se recluían los ciudadanos espantados por la guerra, de la convivencia forzada entre gentiles, judíos, apóstatas, ahorcados por el sistema, selectas almas corrompidas, mentes abotargadas, y más, mucho más, para emborracharnos de la miseria y la corrupción de los mínimos principios. Una joya: la cabeza levantada de la heroica hija del que nunca se corrompió, en las páginas finales, bien merece una lectura.
Leo. Némesis, de Roth. Disfruto de ella menos, no sé si tal vez por un estilo que que coarta. Hablan los personajes y se me parecen a ratos como marionetas, víctimas de un traducción que pudo ser mejor pensada o quizás de un autor que le deparó tamaño destino. En Némesis la polio empieza por asolar Newark, de manera contumaz (como nuestras sequías de inmemorial recuerdo), y al cabo las asoladas son las almas temerosas de los mortales que pueblan la región, incluido el profesor-director, joven en madurez necesaria, que se resiente ante principios resquebrajados. La segunda guerra mundial sigue, por cierto, de fondo.
En las noches de solaz, después de un caña en buena compañía, busco el colofón de una gran pantalla. Esta semana he visto de nuevo La fuerza del cariño (fui capaz de soportar, por enésima vez, las muecas de Jack Nicholson: era secundario y eso le salva). Un culebrón bien montado para una hora y media agradable. Hasta otra.
Leo. Némesis, de Roth. Disfruto de ella menos, no sé si tal vez por un estilo que que coarta. Hablan los personajes y se me parecen a ratos como marionetas, víctimas de un traducción que pudo ser mejor pensada o quizás de un autor que le deparó tamaño destino. En Némesis la polio empieza por asolar Newark, de manera contumaz (como nuestras sequías de inmemorial recuerdo), y al cabo las asoladas son las almas temerosas de los mortales que pueblan la región, incluido el profesor-director, joven en madurez necesaria, que se resiente ante principios resquebrajados. La segunda guerra mundial sigue, por cierto, de fondo.
En las noches de solaz, después de un caña en buena compañía, busco el colofón de una gran pantalla. Esta semana he visto de nuevo La fuerza del cariño (fui capaz de soportar, por enésima vez, las muecas de Jack Nicholson: era secundario y eso le salva). Un culebrón bien montado para una hora y media agradable. Hasta otra.
Sudor
Sangra la entraña de la tierra. El tiempo se ha detenido cuando el estupor reina en la cara de la gente. Es ceniza lo que fue germen, lo que supuso campo y acabó en vida. Arde. La negrura es el tamiz nuevo de la simiente, siendo el cielo ya cubremantas de vieja aletargada en su luto. Pobre del que soñó en su infancia campos azules en marañas de siesta. No hay nada más que destellos de rabia. También muerte. Pobre España que ardes sin aliento.
miércoles, 30 de mayo de 2012
viernes, 4 de mayo de 2012
viernes, 17 de febrero de 2012
lunes, 23 de enero de 2012
Arte deshumanizado
El arte debe contener un hálito discreto, constante y ambicioso en el afán de perduración; un hálito de vida y sangre derramada para alimentar el sueño fantasioso del lector. El arte puede consumirse en cápsulas mínimas en formato musical de grupo que sobrevive en conciertos, itinerantes nómadas que luchan contra la crisis del sistema y la pérfidamente entendida piratería. El arte puede solaparse bajo el lienzo de una muestra abstracta de dúctil comprensión y nula vergüenza ante la inteligibilidad. Puede asimismo esconderse bajo el corto de moda, o el programa en boga que deslizándose por la zafiedad reivindica los valores de su espectáculo visual (entre el vodevil, la comedieta y el más descarnado music-hall de histriones, bufones y caricatos). El arte perdura en la armazón maravillosa de la palabra, del significante que se despliega, también en la exposición emocionada de un "escribidor" dolido. Sergio Ivanovich Kosnichev adormece en la retina del que ha buscado la inmortalidad en las palabras, igualmente Raskolnikov, el demonio de los versos de Baudelaire, la gata pérfida de Verlaine, Hjalmar del Pato salvaje. Títeres que se arrastran desharrapados, son sin par, ante una humanidad que deshumaniza el arte despreciándolo, conviertiendo en ídolos a los que propagan la vacuidad y la adormidera de los sentidos, a los que buscan la inactividad mental para arrastrar en la inacción al sujeto convertido en objeto. El arte que no se entiende debe ser un reto, no un obstáculo despreciable; el reto que haga crecer un poco, si puede ser, nuestro espíritu.
domingo, 18 de diciembre de 2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)