Quevedo

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PULSA SOBRE LA IMAGEN (GLOG)

miércoles, 26 de octubre de 2011

Anticuerpos

Dotémonos de anticuerpos que nos liberen del sopor. Un texto que algunos, muchos o no, han conseguido que permanezca como clásico se debe a varias deudas: la deuda con la cultura que lo ha encumbrado, la deuda de lo que se espera que se diga con respecto a lo que representa en una estética o contexto del autor, la deuda del tiempo que lo mantiene como canónico. A eso quizás conviene sumar explícitamente la diferencia entre la lectura como cultura, conocimiento o enriquecimiento personal de la que puede ser mero placer o recreo pasajero. Digo esto porque cuando se cacarea que el sistema educativo sea divertido y motivador se confunden estas palabras con una especie de campaña en la que se funde un circo interactivo, en el que haciendo malabarismo con cristales de colores se enseñe cómo se hace una raíz cuadrada. Que dos por dos sean cuatro, querido mundo, no es más que algo que se aprende porque es factible y constructivo. A lo mejor es que hay que enseñarlo mostrando dos elefantes a la pata coja junto a otras cabras juerguistas. Si es así, pues perdonen, que en mi estulticia a tanto no llego. Prefiero que por una parte esté el trabajo y el esfuerzo como valores, y por otro la diversión. La coaligación indiscriminada de ambos solamente conduce a un jolgorio que traerá consigo una terrible resaca. Al tiempo.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Un cuento

De la lectura de los evangelios apócrifos, nuestro protagonista dedujo que el mundo se componía de dos verdades fundamentales: la primera, no hay esencia que por muy indescifrable que sea no acabe manifestándose en toda su inmensidad; segundo, bajo una repetición cíclica de hechos con similar contenido se repiten, bajo los auspicios de una filosofía catódica de bajo precio, eventos sociales, históricos y literarios. Correcto. El protagonista asume que ni dedicando cada segundo de su vida a la lectura se pondría al tanto de todo lo que se ha publicado y lo mucho que se ha dicho sobre nuestro mundo, bien entendido que en ningún momento se haría ninguna exclusión (desde el proceso de la reproducción de la rana ecuatoriana hasta las costumbres dietéticas del mandril entrarían en los hábitos de lectura). En suma, ante esta carencia temporal, decidió limitarse a estas lecturas y empezó una lista (y con ello termina abruptamente el cuento):
-Dos docenas de cuentos de Borges.
-La enciclopedia británica (no la wikipedia).
-Una antología de poesía británica decimonónica.
-Un centenar de kaikus.
-Varios cuentos ancenstrales keniatas.
-Una edición prologada de textos de la Generación perdida.
-La obra completa de Jorge Guillén.
-La obra completa de Bolaño.
-Un libro de Cela (lo tacha).
-UN..
Aburrido del trabajo, dejándolo a medias, se tomó un bollo y se fue a dormir. Para qué pensar si cansa. La felicidad no es hacer lo que quieres, si no querer lo que haces, dijo el sabio.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Amuleto

Amuleto de vida y gracia es la obra homónima de Bolaño. La madre de todos los poetas mejicanos, extraña apátrida de supuesta filiación uruguaya y de vínculos emocionales con el centro del continente doliente, se desdibuja al mismo compás que los reflejos acuosos de la luna en el baño de la facultad de Letras. Sus recuerdos en aquella pesarosa espera, mientras el ejército mancillaba la libertad universitaria que casi parecía intocable, se confunden en un remolino en el que el tiempo, como se dice en ráfagas fugaces pero certeras, no vale nada pese que a que quiere disfrazarse de valor a plomo: es difusa la aparición de la mujer en DF, y difusos son sus recuerdos entre migas de cristales rotos en los que se reflejan un León Felipe (más estampa del canon que carne viva), la fantasmagórica pintora catalana que por presencia incorpórea ya no nombramos, los vates en aspiración perpetua aunque sea en el sórdido mundo de la prostitución. Como la narradora deambulante y perdida, el lector se arrastra en la marea de recuerdos, confundidos en una saciedad extrema. Presente, pasado y futuro no importan, porque recordemos que el tiempo es un instumento endeble, y por ello mismo la madre de los poetas parece encarnarse en un tótem. AMULETO, la novela de Bolaño, es un goce de palabras, por la digna expansión de las descripciones tumultuosas: el mundo universitario, los aspirantes al trono de la literatura, los consagrados que pasean como sombras, el Méjico contradictorio y dolido, la vida que va y viene como esos párrafos que se dilatan. La leí hace tiempo; la leo de nuevo. Y pienso en la sombra de Bolaño, un cuerpo diluido demasiado pronto, y una huella que crece sin freno.

martes, 6 de septiembre de 2011

Lecturas del tiempo perdido

Dejo las líneas de un texto muy propio para época vacacional, que en alguna parte he visto catalogada como “picaresco” o novela de aprendizaje (no osaron usar bildungsroman, menos mal). Me refiero a Botchan, de Soseki. Será deformación profesional, será un sentimiento difuso de que forma parte de la condición de profesor recibir palos por doquier mientras todo el mundo cree que eres un privilegiado, será que en el fondo nos gusta leer algo que nos escandaliza porque pudiera ser, o porque no es y no nos ha pasado. El buen protagonista tiene el mérito de la supervivencia; tiene además la gracia de nacer en una novela donde uno no tiene que dejarse la mitad de la neurona que le queda para entender algo. Se añade como añadidura la estampa de un Japón de provincias anquilosado que repite los esquemas de miles de sitios más de este nuestro pequeño y viciado mundo. Y el regusto final de la venganza… Lo que me ha gustado. Porque hoy quería hablar de ello, del placer de una buena degustación, y no de narradores homodiegéticos, ni narración lineal, ni prolepsis ni nada por el estilo. Nota a pie: El personaje de la criada, singular y tierno, lo dejo en un rincón de mis pasajes preferidos. Y ahora que estoy releyendo a Bolaño cualquier día os cuento también algo de este genio todavía no suficientemente reconocido. Me da por ahí. Con vuestro permiso (hablo demasiado conmigo mismo, debo corregirme).

viernes, 2 de septiembre de 2011

No es país para timos

En ciertas ocasiones, numerosos sectores comerciales se empeñan en tratarnos como idiotas. Lo hacen avituallando concienzudamente a la prensa, conchabándose asimismo con tres críticos que edifican su prestigio bajo la sombra de una publicación de amplia tirada, y orquestando en suma el soniquete chirriante de la publicidad insidiosa y continua. De tal mejunje intragable solamente puede surgir como parece evidente un engendro que alimenta a su mascota: la alegre y paralítica estulticia. Un servidor, pagado a veces con recuerdos de una ya lejana infancia, tuvo la ocurrencia de martirizarse y martirizar a su inocente familia con un prometedor visionado: el estreno de esa COSA llamada SUPER 8, vendida como un homenaje dignoy eficaz a películas comerciales pero efectivas que recrearon nuestras almas de niños inocentes (quién diría que lo éramos) décadas atrás. Esas películas de mensaje bonachón y final bienpensante y constructivo que hubiesen gustado a La Fontaine y desquiciado a Maturin. Craso error, craso erro, diría un conocido mío. Aburrida, predecible, groseramente hollywodiense (el uso y abuso de efectos especiales, no por común en nuestro pan diario, deja de resultar menos vomitivo). Las marionetas de los personajes, un grupo de amigos de corazón puro y espírito aventurero, en un mundo en el que en bien prosperará inevitablemente contra un mal irredento, resultan tan predecibles como mal construidas: chico quiere a chica, que es sorpresivamente también querida por otro amigo, y chicos y chica miran al mundo de adultos que se odian para al cabo ser amigos. El monstruo- alien es un pobre bicho de buen corazón al que le han hecho pupa, por cierto. Eso sí: su bondad no impide cierta pestilencia corporal, como sin duda demuestra la huida misteriosa de todos los perros del pueblo. Asimétricamente construida (pasa de todo y no pasa nada), nos agota sin olvidar salpicarnos de incongruencias varias (explicaciones intragables, espectaculares accidentes con supervivientes inexplicables, basura visual que no lleva a ninguna parte). En suma: una tremenda estafa de mano de unos que dicen que saben algo de cine. Ya sé que pensáis: tragamos lo que buscamos (si hubiese frecuentado a Cukor o Wilder, no pasaría eso). Pero a veces, no sé por qué, nos da por hacer el tonto. Por cierto, el verano bien, gracias.

miércoles, 15 de junio de 2011

Compañero del alma, compañero

"Yo quiero ser llorando...". Yo quiero ser llorando, compañero, el brazo amigo en el que te apoyes. Quiero ser el arrimo que te dé fuerza, el sustento que te dé impulso. El aire que te abrigue en el desaliento. Quiero ser amigo el respaldo que construya contigo el significado verdadero de la palabra amistad. Quiero ver contigo un nuevo empeño en reconstruir la soledad del individuo que todo anhela. En un momento en el que el mundo empieza a moverse, después de pensar cada uno solamente en su sombra. Cambiemos las cosas antes de que estas caigan en un sueño putrefacto. Que se tiendan manos y construyan murallas frente a tormentas de desesperación. Para que pueda haber esperanza.

martes, 31 de mayo de 2011

Qué bonito idioma, qué país.

Una lectura superficial del abundante material periodístico, bibliográfico y documental que tan profusamente ve la luz cada micro milésima de segundo ofrece de inmediato al lector-explorador-Livingston lingüístico enjundiosos hallazgos. Hallazgos que demuestran el elevado nivel de evolución de nuestro idioma, en nada desmerecedor de la revolución promovida por las glosas silenses o el afán componedor de Nebrija o El Brocense. Las lecturas nos descubren académicos de la modernidad que, como es lógico, quieren renovar un idioma viejo y rancioso, que protegen sibilinamente ratas de biblioteca, académicos ancianos y “pelotas” en el sistema educativo. Vemos así que “este” ansia de revolución enlaza perfectamente con su hermano “qué más da” y su primo “esto no vale para nada”. En este panorama democratizador, suena mucho mejor sin duda cualquier asunto “a discutir”, sea de la condición que sea. La lógica nos dicta que debemos discutir el asunto “a nivel de” un tema preciso, pues desnivelarse implica un perverso e inadmisible cambio de rumbo. Si en todo ello aderezamos el contenido con unas buenas docenas de anglicismos, en forma de mouses, desktops, hardwares, footings, bacons y demás, habremos logrado el paraíso del progre empedernido. Más bonito es que estos avanzados presuman de sus muchos títulos es sus “currículos” (ni hablar de currícula), y desdeñen a los pobres indoctos e indocumentados que, sin un título de renombre que los avale, dicen sandeces de la vulgaridad de “cocreta” o “almóndiga”. Sí, amigos míos. Qué país.

sábado, 7 de mayo de 2011

Pereza

Los Vedas duermen en un cajón. El Mahabarata se ha ido de vacaciones (no digamos ya el Ramayana). Esquilo, Sóflocles y Eurípides suenan a monólogo del club de la comedia. Petronio yace en el olvido, Suetonio se mustia en un estante, Horacio languidece en los libros de texto. Qué importa María de Francia, ni Chrétien, ni los dichosos Nibelungos. Qué más da Marlowe, o de Sanctis, o la Fayette, o Corneille. Ha muerto Jones, Fielding parece el nombre de una telecomedia americana; ya son víctimas de la más pútrida descomposición los señores Maupassant, Zola, Dickens. Ay, que se los lleve el viento, que el viento barra a Whitman, a Dickinson, a Dos Passos, a Sartre, a Simenon, a Yourcenar, a Williams, a Artaud, a Beckett... Que mueran todos en listas de nombres, en libros de texto. Qué cosa leer a los muertos, porque como muertos forman parte de un pasado inútil, piensan algunos (¿muchos?). Ay, leer, qué cansado y peligroso a la vez; qué angustioso y pesado tener que pensar, aunque solamente sea un rato. Mejor pan y circo. Y a desconectar.

lunes, 25 de abril de 2011

Síndromes modernos, o eso dicen

Populus dixit. Terminada una buena tanda de ocio pagano (gracias a la liturgia cristiana, y otras conmemoraciones varias, que han prestado a muchos la escusa idónea), debemos enfrentarnos al tan temido síndrome postvacacional. Constituye este último un divertimento impagable que haría los gustos del más sesudo espíritu freudiano y la más lacónica mentalidad lacaniana. Esta bendita modernidad nos proporciona salidas airosas a los vicios inmemoriables, confesables antaño por únicamente el más descarnado y descarado crápula. Pero resulta que en esta sociedad tan abierta y permisiva ya nada es lo que era. Ay, qué bonito ser vago antaño, con el regocijo añadido de la pereza en sazonada inoperancia; vaguear, cosquilleando el vientre con la malicia del espíritu del niño que conservamos. Hoy lo perdemos, y no sólo (y pongo la tilde porque sí) pues todo cambia bajo eufemismos psiquiátricos de telediario de tres de la tarde. Dígase por lo tanto que el sentir el impulso de vaguear se transforma en el síndrome del final de vacaciones. O que la pérdida (se independiza, ¡a los 40!) irreparable del hijo al que sermonear ya no es lo que era, señores, pues queda más fino si pergeñas un poco de síndrome del nido vacío. La inmadurez patológica es la enfermedad de Peter Pan, la falta de compromiso el aberno del matrimonio, la desidia el utopismo reformista, la locura el desajuste emocional. Así pues, pido disculpas, con permiso de todos los maquineros de la mente modernos, pues arrastro un lijero desajuste de sincronización que ralentiza mis biorritmos, imposibilitando el engranaje neuronal necesario para el funcionamiento operacional idóneo del área de broca. Vamos, que estoy aburrido como una ostra. Dicho queda.

miércoles, 6 de abril de 2011

Ponga una sigla en su vida

Cualquier sociedad culta, moderna y bienpensante debe manejar, por lo menos, dos millares de siglas semanales si aspira a estar incluida en una de esas listas-medidores ontológicos de modernidad y salero que tanto se llevan. Los estados, si no forman parte de ECOSOCs, NZBCs, CACMs, OCCs, OSRDs, OCAMM son mucho menos interesantes y, desde luego, no son merecedores de salir en las noticias. Un buen médico, por supuesto, debe manejar una docena de ECVs, NTANs, DPMs, CONCs, PSEs, SNCLs por segundo. Nuestro sistema educativo no empezó a lograr notoriedad hasta que alcanzó el impagable apelativo de ESO, bien entendido que la fama acarreó el peso de que nadie sepa de dónde viene, a dónde va o qué es realmente lo que pretende. No digamos que un ciudadano libre, entre el ser y la nada y la reafirmación de la voluntad o lo que prefieran los ditirambos del siglo postpostpostpostmoderno XXI, debe integrarse en algunos cientos de asociaciones, pongo por caso NGTU, RACMP, TEI, TEP o RAI. Toda esta reflexión me conduce a una conclusión evidente: ponga una sigla en su vida, o será mucha más aburrida.

martes, 29 de marzo de 2011

Atención: el genio creador.

Alguna vez he experimentado la corrosiva envidia de no haber sido capaz de componer una línea (¡tan solo una línea!) similar a la de cualquier gran texto literario. Surgía tan funesto sentimiento del poso digestivo tras una lectura provechosa. Rumiando mi amargura inevitable ante la mediocridad de lo que se es, asumiendo también las limitaciones propias que el señor nos ha dado, tuve la ocurrencia de pensar en eso que llaman algunos genio creador y que supuestamente se oculta sobre la maestría de una obra. Dicen que es una pulsión íntima, un impulso irrefrenable, una actitud neófita que brota de modo incontenido, aunque también los hay que aducen que debe ser educado con constancia y esmero, dedicación y pronta superación que pueden culminar en algo bueno (no entro a discutirlo, aunque los contraargumentos puedan ser más que evidentes). El caso es que ese halo etérero e inefable del que todos hablan y del que vagamente se teoriza bendice a unos pocos elegidos, que precisamente muestran su genialidad con conductas evasivas, apasionadas y en demasiadas ocasiones histriónicas, un poco atufadas por el empeño de demostrar que son diferentes y, por qué no, superiores. Me recreo con las andanzas de un neurasténico Juan Ramón, o de un Proust aislado en su cuarto para idear una sola y magna obra. Seres únicos que forjan su individualidad construyendo una otredad imperecedera: su Texto. Seres dotados para algo grande (pena de los demás mortales). Y hete aquí que entre tanto prurito de erudición hace poco me he recreado en las infamias, juegos triviales y perversidades de los genios; deleite como es la lectura de la poesía erótica de los neoclásicos, tan racionalistas ellos. Deleite mayor la lectura de El erotómano de Ian Gibson, cuadro impagable de las andanzas de un buen burgués victoriano coleccionista de obra de contenido erótico; un Henry Spencer Ashbee por el que reclamo un reconocimiento público como mecenas impagable de una literatura subterránea. Tras una lectura tan reconfortante, vuelvo a la idea del genio con la amargura del convencimiento de que la sociedad, presta a lastrarnos, ha ocultado fabulosos juegos del espirítu. Juegos que, por tratar de lo oscuro o lo vergonzoso, se han visto soterrados durante siglos, relegados a un circuito secundario. Señor Ashbee, sea usted o no el autor de Mi vida secreta, reciba mi agradecimiento por su labor de coleccionista y por ser estímulo para el libro de Gibson. Un divertimento impagable.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Libertad creadora, a poder ser

El creador asume un compromiso tácito con lo que le rodea, aunque sea bajo la apariencia de una rebeldía ácrata que esconde en realidad un compromiso con una pose propia (en oropeles de autoafirmación). En ese diálogo endogámico con el entorno el artista no debe permanecer indiferente ante las sinrazones de su sociedad. La literatura, en este sentido, supone una labor de rememoración constante, de asunción de la tradición y de búsqueda de nuevos lenguajes, y esencialmente de construcción de nuevos caminos en la manera de entender el arte. Digo literatura como compromiso que no debe confudirse meramente con literatura social o beligerante, teñida en la versión más pésima de prosaísmo intrascendente, sino como literatura concebida como ejercicio de libertad y defensa del principio de crear lo que venga al antojo (sea por mera recreación estética, por una cuestión crematística o tal vez un juego azaroso e intrascendental). La literatura, así, asume una dignidad inalienable, frente a la persecución de los totalitarismos represores, de los editores abotargados y de un mundo globalizado en el que ser igual y mostrar lo idéntico que se es gracias a redes sociales y demás artificios está premiado significativamente. Porque entonces al decir que la palabra debe estallar, reventar en mil sílabas cargadas de futuro, no tendremos una metáfora convencional y al uso, sino un gimnástico ejercicio de libertad creadora.

martes, 15 de marzo de 2011

El arte, y otras "menudencias"

Hoy he pensado en una estampa cotidiana, que puede pasar en cualquier exhibición de arte de cualquier parte de este nuestro caótico mundo. La imagen ofrece un latido descompasado con viandantes en una sala. Con talante aquiescente, contemplan la enésima obra de talante pseudovanguardista en la exposición de tal o cual categoría, tal o cual entidad, que visitan. Y los viandantes observan con interés obras que escasamente entienden (no tienen por qué). El arte, en su inefabilidad caprichosa, fabrica expertos titiriteros y marchantes mercachifles que campan con lustre parejos a los que han dejado su piel para entender y analizar ¡y descubrir! qué demonios constituye una obra de arte. El avituallamiento excesivo que las instituciones promueven de objetos de diferente tipo, en una afán de tesaurización atrabiliaria y depauperada, conduce a que se creen almacenes de objetos de apariencia chocante (cuanto más, mejor), de interpretación casi imposible (si totalmente ininteligible, perfecto) y un proceso de elaboración perfectamente oculto para que nadie image el grado de alcance de ese acto de maestría o esa nefanda estafa. Al caso: decía Simmel que en el dualismo del sujeto-objeto (en el que el primero aspira y busca, hasta asimilar, al segundo) se encuentra el meollo de lo que el arte entraña. Un camino que supone un encuentro de uno mismo en el que en se pueden desarrollarse multiplicidad de sensaciones, empapando con una comunicación fluida nuestro estado anímico. Un dualismo rico, plurar, multiforme y multivocal. Y con eso quedo. Con la sensación de que arte sea algo individual e inalienable, personal e íntimo. Y ahí se dará la paradoja de que admiremos aquello que un crítico ha tachado de engendro. Lo admiraremos tan íntimamente que nos dará igual pensar que vivimos en una continua efusión de creatividad combinada con grandes dosis de embauco y mediocridad. Pero no pasará nada. Porque nadie nos quitará el sentimiento único de satisfacción al masticar la imagen de lo que nos gusta: sea un cuadro de una tienda de todo a 100 (descansen en paz), la bailarina de flamenco en prejubilación ante el auge de las teles planas, la novela de vaqueros de cien pesetas (para nuevas generaciones on the ground, 60 céntimos), o una pieza de Wagner, o un artificio de Dalí o una genialidad de Rodin . Allá cada uno. Y que cada uno lo disfrute.

miércoles, 9 de marzo de 2011

"Entre el relativismo de Feyerabend y el racionalismo de Lakatos"

Destramatizando en este contexto deprimente, a ratos vomitivo (digamos asqueroso), que nos está tocando vivir, recordemos que todo es relativo. Nos sonríe una conquista en una barra de un bar, una sonrisa que nos dice que ella es el objeto precioso que nos hemos ganado, una sonrisa que ella maquina embebecida en la estupidez del rostro del conquistador. Relativo. También es relativa la visión que podemos tener de eso que llaman economía, que nos venden como el solar moderno de la sociedad democrática y liberal, escondiendo en sus extrañas un conglomerado de explotación, maquinaciones de elites corruptas, miserias de conciliábulos y alianzas interesadas e hipocresías políticas que suben el euribor para salvar (realmente, sobreenriquecer) a los bancos que nos explotan. Hablando relativamente, pensando en los mundos posibles en un solo mundo a la manera orteguiana, se puede decir que robar no necesariamente robo es para el que lo practica, sino “usufructo parcial de bienes infrautilizados” por individuos que (por no ser consanguíneos, o precisamente por serlo) son de importancia más bien poca. En el mismo juego, el tratante de seres humanos se contempla como servidor de insignificantes meretrices, o el que practica estrupo como practicante del amor libre. Así, la aberración pasa a ser juego de niños, para mayor solaz de perversos, prevaricadores, genios de la estafa y miserables varios; pero… ¿no los llamamos así, precisamente, acogidos a nuestra relatividad cultural, que hace diferente pero aburridamente repetitiva a nuestra cultura y a las normas que aceptamos como válidas? En el ejemplo académico ideal de relativismo lingüístico, el del esquimal que puede percibir múltiples matices en el color de la nieve, vemos el sueño de miles de mundos en un mundo. Quizás, con el constructivismo cultural, debamos proclamar la muerte de la epistemología y de las verdades absolutas, que tanta seguridad dan pero que tantas grietas soportan. Entre el Feyerabend relativista y el Lakatos racionalista debe haber una realidad (¿existe la realidad?, ¿qué es realidad?, ¿en realidad estoy escribiendo esto?) asequible. Puede que el Programa Radical de Bloor nos ayude, desterrando valores universales para dar paso a la esencia y particularidad de cada cultura (propuesta atrayente, si no fuese porque todos cojeamos de lo mismo). En mi sueño de la razón (otra imagen manida) voy a mascar los tres mundos de Popper (el propiamente físico, el de los estados de conciencia, y el de los contenidos de pensamiento objetivo en los ideogramas artísticos y científicos). Si saco algo en limpio, os aviso. De momento, me voy a tomar un café, el acto menos relativo de toda esta elucubración. Eso sí: ¿descafeinado?, ¿con leche?, ¿con crema?, ¿una nube esponjosa?, ¿con un poco de chocolate?, ¿colombiano? En fin…

miércoles, 2 de marzo de 2011

Sobre simuladores y demás artistas del engaño

Simuladores del arte, mercachifles de cuarta categoría, artífices del engaño más perfeccionado o la imitación pobre y prosaica; la literatura nos ofrece todo un mundo de impostura, un universo de falsarios y expertos en el engaño que convierten la palabra en la herramienta perfecta para la simulación. Releyendo Falsarios y críticos de Anthony Grafton se me plantean las miserias y grandezas del arte (sí, en parte arte, en tanto técnica que puede alcanzar límites graciosos de depuración) del engaño. Impostores más o menos sagaces, con fines políticos como Solón, espirituales (en la búsqueda inefable del adoctrinamiento) como los órficos, de mecenas de una autocomplacencia o culto impenintente hacia una idea imposible (la Carta de Aristeas a Filócrates, Filón de Biblos, Antonio de Viterbo...). Crápulas de la palabra constructores de su propio dogma, dígase el sacerdote Meyranesio para mayor gracia de apostasías de diferente calado. Simulación que ahonda en lo literario hasta niveles carnavalescos (aromas de los caballeros de Sión incluidos). Al cabo, el simulador ofrece perfeccionados mecanismos de imitación de originiales documentados pero perdidos, o simplemente ideados por mentes deseosas de cuestionar la realidad con otras realidades posibles (¿por qué no?). Artesanos que envejecen la materia hasta dotarla de la dignidad que otorgamos inconscientemente a lo añejo; picaplietos que defienden con ardor sus tesis; exegetas que son capaces de imaginar toda una bibliografía crítica y un manual de autoridades para que sus pilares (siempre de barro) sueñen con ser de hierro forjado. Al final, el canon, hipócrita y retrógrado, les cierra (como es de esperar, dado su papel) sus puertas. Pero siempre quedamos los lectores, cuanto más curiosos mejor sazonados, capaces de admirar en silencio el guiño inteligente que algunos de estos falsarios (no todos) nos brindan.

jueves, 24 de febrero de 2011

Sin voz...

Sin voz quedamos sin aliento. Ahogamos en el día a día inútil. Nos volvemos resentidos por las cadenas que nos aplastan. Detestamos las imposiciones que nos laceran. Caemos en un desquiciamiento depresivo ante un mundo sin sentido. Sin voz se ponzoñan las palabras gangrenando la esperanza de ver un nuevo día. Sin voz las palabras son vacías cajas de desamparo. Si nos quitan la voz, la dignidad se rebaja hasta el desconsuelo. Que jamás os quiten la voz. Por vosotros: Túnez, Egipto, Libia..., y los que quedáis por venir.

La literatura: presentación prestada para principiantes

viernes, 18 de febrero de 2011

Nuestro Santo Grial

José de Arimatea, oculto en el pozo, contempla su Santo Grial. Vive del aliento que este le proporciona, saboreando deseos de inmortalidad. La custodia del cáliz de Cristo se convierte al fin en un acto de egoísmo narcisista, retocado con un fetichismo peligroso. Su Grial construye el culto al recuerdo, como el Asiento Peligroso, como la imagen del Mesías perdido. El Grial, el deseo de la inmortalidad y de la luz imperecedera. El Grial con el que sueñan Galahad, Perceval y tantos otros. El Grial que algunos buscan en un trabajo seguro, en una vivienda digna, en una esperanza de bienestar y vejez tranquila, en un entorno de respeto, en un billete en el bolsillo. El Grial que puede (debe) estar en las pequeñas (grandes) cosas. Como vosotras, Rosa y Ariadna. Mi Grial.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Los alfabetos en el tiempo (exposición escolar, 3º ESO: 2009-2010).

Homenaje al Quijote (Exposición escolar, 1º BACH.: curso 2004-2005).

Exposición 700 años de poesía: alumnos de 1º BACH (2005-2006)

Sobre LA VOZ A TI DEBIDA de Pedro Salinas

Para los lectores libres, seguidores fieles, o amigos forzosos de La voz a ti debida...
Si en palabras se puede expresar un sentimiento, probablemente con Salinas estemos muy cerca. Admiro las resonancias becquerianas de "Tú vives siempre en tus actos./ Con la punta de tus dedos/ pulsas el mundo, le arrancas/auroras, triunfas, colores (...)/". Los ojos se convierten en guía, en luz que abarca y acompaña dando al fin sentido a lo que se hace. Petrarca, dice la crítica, se esconde entre esos versos. Es la entrega máxima del amor, cuando "por encontrarte, dejar/de vivir en ti, y en mí/y en los otros". Todos en ELLA, todo tiene sentido cuando se la busca, incluso en el sufrimiento, incluso en la pérdida y el fracaso. Por ella "lo deja todo", obviando lo prosaico y cotidiano por un encuentro superior, en un misticismo carnal (perdonad la paradoja). En el reparo y la desconfianza ("Miedo. De ti. Quererte/es el más alto riesgo"). Donde el nombre como mera palabra se desvanace, donde los pronombres son la perfección. Volveré sobre ello más adelante. Merece la pena.

Homenaje a Miguel Hernández

Reflexión sobre lo que no es la ortografía

La ortografía no es un castigo divino que como plaga centenaria cae sobre los alumnos. No es un sinsentido de marcas gráficas, ni de normas mecánicas y cansinas embuidas en retahílas de cotranormas (con leer un poco todos los días nos libraríamos de su eterna consulta), ni de letanías de decenas de procedimientos y exclusiones, ni de lucimiento de unos pocos como Juan Ramón o García Márquez que se pueden permitir el lujo de burlarse de ellas (nos moleste o no, no puede escribir cualquiera Diario de un poeta recién casado)
Puede que sí sea una cuestión de educada prosodia, de necesaria cadencia, de idónea herramienta para distinguir vocablos terriblemente parecidos (la homonimia nos da testimonio), de pulimiento del idioma (no soy accionista de la RAE). Os pongo por testigos que no sujeto ningún estandarte conservador y mucho menos proteccionista; sí hay que erradicar algunos sinsentidos (por mí, el futuro de subjuntivo puede morir). Pero de ahí, a la dejadez y la ininteligibilidad absoluta, en la que todos en un ejercicio absurdo de involucionismo usamos un lenguaje descalabrado, hay un gran paso.

Pon a prueba tu ingenio... (alumnos de Literatura Universal)

jueves, 10 de febrero de 2011

Lección Inaugural del curso académico 2004-5 de la Facultad de Humanidades de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla.

5 de noviembre de 2004

El asunto entonces es preguntarnos qué esperamos de la literatura. Ese gran papel que ejerció en la sociedad del XIX, ¿podemos esperarlo hoy?

¿Hacer ver lo que está intencionadamente escondido no es un papel caduco? ¿No acabó con Sartre y el arte comprometido? Bien, la concesión del último Premio Nobel de Literatura a la austriaca Elfried Jelinek evidencia hasta qué punto el escritor puede hoy perturbar la conciencia dormida de una sociedad nombrando sus heridas.

¿Y todo esto sirve también para la poesía? ¿También la poesía, eso que apenas ocupa estantes en las librerías, forma pareja con la sociedad? Pues veamos que también.

Hace pocos días he asistido a una lectura de poesía saharaui. Era poesía de exiliados que nombraba el sentir del individuo alejado de su tierra y era, en consecuencia poesía de un pueblo en el exilio. Los ministros de la República Saharaui que, desde los campamentos en el desierto luchan por su independencia, sin amparo de Instituto Cervantes alguno, con nuestra misma lengua, mandaban mensajes de gratitud a los poetas. Estaban dándole visibilidad a un pueblo abandonado en el pedregal del desierto, les decían. Los poetas estaban ahí dando la cara a esas palabras que hablaban de todas las caras del amor, incluido el religioso, y de todas las caras de la muerte, incluida la soledad. Y en ese acto de pública lectura, incluso el poema dedicado a un grano de arena, adquiría esa doble dimensión íntima y social que la obra de arte conlleva.

Aunque no cotice en bolsa, es evidente que para algo debe servir la poesía, me decía yo. Estos políticos saharauis cuentan con ella. Los dictadores cuando llegan al poder suelen atacar a los poetas.
© María Ángeles Maeso 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

Un pequeño juego para alumnos de literatura aventajados

Walter Benjamin

La masa es una matriz de la que actualmente surte, como vuelto a nacer, todo comportamiento consabido frente á las obras artísticas. La cantidad se ha convertido en calidad: el crecimiento masivo del número de participantes ha modificado la índole de su participación. Que el observador no se llame a engaño porque dicha participación aparezca por de pronto bajo una forma desacreditada. No han faltado los que, guiados por su pasión, se han atenido precisamente a este lado superficial del asunto. Duhamel es entre ellos el que se ha expresado de modo más radical. Lo que agradece al cine es esa participación peculiar que despierta en las masas. Le llama «pasatiempo para parias, disipación para ¡letrados, para criaturas miserables aturdidas por sus trajines y sus preocupaciones..., un espectáculo que no reclama esfuerzo alguno, que no supone continuidad en las ideas, que no plantea ninguna pregunta que no aborda con seriedad ningún problema, que no enciende ninguna pasión, que no alumbra ninguna luz en el fondo de los corazones, que no excita ninguna otra esperanza a no ser la esperanza ridícula de convertirse un día en «star» en Los Angeles».
LA OBRA DE ARTE EN LA ÉPOCA DE LA REPRODUCTIBILIDAD TÉCNICA

Harold Bloom recita a Wallace

Para tener un cine de autor se requiere un universo social, pequeñas salas y cinematecas que proyecten los clásicos y frecuentadas por los estudiantes, cineclubes animados por profesores de filosofía, cinéfilos formados en la frecuentación de dichas salas, críticos sagaces que escriban en los Cahiers du cinéma, cineastas que hayan aprendido su oficio viendo películas de las cuales pudieran hablar en estos Cahiers; en pocas palabras, todo un medio social en el cual determinado cine tiene valor, es reconocido.Son estos universos sociales los que hoy están amenazados por la irrupción del cine comercial y la dominación de los grandes difusores, con los cuales deben contar los productores, exc epto cuando ellos mismos son difusores: resultado de una larga evolución, hoy han entrado en un proceso de involución. En ellos se produce un retroceso: de la obra al producto, del autor al ingeniero o al técnico que utiliza recursos técnicos, los famosos efectos especiales, y estrellas, ambos sumamente costosos, para manipular o satisfacer las pulsiones primarias del espectador (a menudo anticipadas gracias a las investigaciones de otros técnicos, los especialistas en marketing).Reintroducir el reino de lo comercial en universos que se han constituido, poco a poco, contra él, es poner en peligro las obras más nobles de la humanidad, el arte, la literatura e incluso la ciencia.No creo que alguien pueda querer esto realmente. Recuerdo la célebre fórmula platónica: Nadie es malvado voluntariamente. Pierre Bourdieu.  
Es en la filosofía únicamente donde el pensador original condiciona no sólo lo que quiere responder, sino además lo que desea preguntar para responder al concepto de filosofía 
GEORG SIMMEL
Ante las figuras de cera todos hemos sentido una peculiar desazón. Proviene esta del equivoco urgente que en ellas habita y nos impide adoptar en su presencia una actitud clara y estable. Cuando la sentimos como seres vivos nos burlan descubriendo su cadavérico secreto de muñeco, y si la vemos como ficciones parecen palpitar irritadas. No hay manera de reducirlas a meros objetos.
LA DESHUMANIZACIÓN DEL ARTE, ORTEGA Y GASSET
La Morena que yo adoro
Y más que a mi vida quiero,
En Verano toma el acero
Y en todos tiempos el oro.

Opilóse, en conclusión,
Y levantóse a tomar
Acero para gastar
Mi hacienda y su opilación.
La cuesta de mi bolsón
Sube, y nunca menos cuesta;
Mala enfermedad es ésta,
Si la ingrata que yo adoro
Y más que mi vida quiero,
En verano toma el acero
Y en todos tiempos el oro.

Anda por sanarse a sí,
Y anda por dejarme en cueros;
Toma acero, y muestra aceros
De no dejar blanca en mí.
Mi bolsa peligra aquí,
Ya en la postrer boqueada;
La suya nunca cerrada
Para chupar el tesoro
De mi florido dinero,
Tomando en verano acero
Y en todos tiempos el oro.

Es niña que por tomar
Madruga antes que amanezca,
Porque en mi bolsa anochezca;
Que andar tras esto es su andar.
De beber se fue a opilar;
Chupando se desopila,
Mi dinero despabila.
El que la dora es Medoro;
El que no, pellejo y cuero:
En verano toma el acero
Y en todos tiempos el oro.
QUEVEDO
Tras vos un Alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol ¿y vos, tan cruda?
Vos os volvéis murciégalo sin duda,
Pues vais del Sol y de la luz huyendo.

ȃl os quiere gozar a lo que entiendo
Si os coge en esta selva tosca y ruda,
Su aljaba suena, está su bolsa muda,
El perro, pues no ladra, está muriendo.

»Buhonero de signos y Planetas,
Viene haciendo ademanes y figuras
Cargado de bochornos y Cometas.»

Esto la dije, y en cortezas duras
De Laurel se ingirió contra sus tretas,
Y en escabeche el Sol se quedó a oscuras.
QUEVEDO









Castigarmientendimiento: verso satírico de don Francisco de Quevedo

Bienvenidos a Castigarmientendimiento, un lugar para que la razón no sufra (si es que esto se ha mal entendido), sino que se flexibilice (si es posible).
Se ofrecerá con ello alguna reflexión sobre el arte de escribir, la condición contradictoria del escribiente y la labor imprescindible y crítica del lector.